Me parece muy bien que analice de esta forma lo que en la ciudadanía estamos sintiendo. Yo no sé a que nivel, y cuántos más piensan como usted. Es el primer paso, dicen, reconer pero hay que seguir avanzando. Cuando tenía 13 años yo lo único que quería era tener 18 para votar e inscribirme en un partido, a los 17 ya no pensaba igual, ahora tengo 22 y tengo eso que usted dice, desilusión, de la “clase” política (me da risa esa denominación, la “clase”) y lo que es peor, me siento frustrada. Deben hacer realmente algo importante ustedes que actualmente están ahí mirándonos al resto desde sus cómodas butacas, hacer algo pronto, hace no mucho tiempo los resentidos sociales eran viejos cincuentones heridos brutalmente de muchas formas luego del golpe, ahora yo misma puedo ver en lo que me rodea aquí en Hualpén, en Conce, que, desde Santiago están viendo bajo sus propias narices, como no tan lentamente el pueblo se está llenando de nuevos resentidos sociales, más jóvenes y a veces peligrosamente más radicales, que nada tuvieron que ver con la dictadura, muchos nacimos después, los que quedamos botados con padres cesantes, porque vivimos en regiones y no en santiago, porque no tenemos plata, porque no podemos pagar clínicas, porque estudiamos en colegios públicos, porque la pensión de mi abuelo es un chiste… y la lista es eterna pero es la misma de siempre.